“Tuve el apoyo de las tías, que siempre estuvieron para cuidarme, darme consejos. Las dificultades fueron inmensas y sin el Refugio no habría salido adelante”. Marjorie Espinoza, egresada del Refugio de Cristo.

Llegó al Refugio de Cristo a los 12 años sufriendo una Mielodisplasia congénita, una enfermedad que antes de su ingreso a la fundación estuvo sin el tratamiento adecuado, lo que la llevó a un estado de extrema gravedad. Ante su estado el área de salud la fundación puso todo su esfuerzo en estabilizarla, pero el camino no fue fácil. Pese a los cuidados, la enfermedad obligó a que Marjorie pasara por múltiples hospitalizaciones en un ciclo que duró años, impidiéndole estudiar con normalidad.

Alguien fundamental para su recuperación fue la “tía” Verónica Tapia, asistente de enfermería del Refugio de Quilpué, quien la acompañó durante todo su tratamiento. “Ella estuvo siempre conmigo, como una mamá. Cuando estaba hospitalizada y tenía miedo estaba ahí dándome ánimo, nunca faltó”, señala Marjorie. Tras cumplir la mayoría de edad el Refugio elevó una solicitud para seguir apoyando a esta joven para que siguiera su tratamiento y nivelara su educación, lo que derivó en que más tarde pudiese titularse como técnico en educación parvularia.